La era digital supone una revolución para virtualizar los contenidos y mejorar la accesibilidad, aunque también supone algunos riesgos atacados por la nostalgia y el derecho a la propiedad. Aunque tal como nos suelen indicar en los reversos del producto audiovisual y la letra pequeña, se trata de una cesión de derechos en que no se puede vender, copiar ni distribuir con fines comerciales y la marca propietaria es libre de retirar los derechos del mercado respectivo cuando lo crea necesario.
Como decía, el futuro del almacenamiento y audiovisual está en la nube, parte de responsabilidad es de nuestras ansias por lo inmediato dejando el negocio en bandeja de plata de los sondeos del coaching, eso por un lado.
Por otro lado más práctico, teniendo en cuenta la vida útil entre 30 y 120 años de un disco compacto, está más protegido los datos y su calidad en la nube. No sería el primer disco rayado del uso o las condiciones climáticas, acabando desdibujado o derretido literalmente.
Las empresas ya están apostando por el formato digital desde 2007, cuando se experimentó con el frustrado OpenDisc, para evitar la piratería con los CDs de música. Desde 2010 se está apostando cada vez más por las plataformas en streaming, la televisión por cable y la TDT completamente digital.
El formato de las nuevas televisiones SmarTV es el mismo sistema que usan las nuevas consolas de hace 20 años atrás al menos. La empresa Sony ya ha comunicado que dejará de distribuir material analógico y solo distribuirá contenido a través de su plataforma.
El comunicado ha suscitado todo tipo de polémicas y quejas, desde los que se muestran a favor o más razonables hasta los que critican la iniciativa como si se creyeran los dueños y amenazan con dejar de consumir como represalia. Al final, no deja de ser una iniciativa que responde a la oferta y demanda del mercado actual, incluyendo a los fanáticos de la nostalgia.
Los ordenadores y sistemas operativos también llevan sufriendo la era digital desde hace una década del siglo XXI, sistemas cada vez más automatizados, ligeros de periféricos, monetizados y dependientes de la conexión virtual a plataformas y redes.
Nos guste o no, es el futuro para seguir avanzando, soltando lastre para seguir conectando nuevas iniciativas. Para los más nostálgicos, siempre quedará guardar la maquinaria y los juegos o software como pieza de museo para recordar viejos tiempos de vez en cuando.