La ley en sí es un negocio mafioso porque hecha la ley, hecha la trampa y aunque no seas un vago o un trepa es injusto que por no saber solucionar un marrón económico, por ejemplo, la ley de segunda oportunidad te borra la deuda ¿y quién acaba pagando ese déficit? porque la banca NUNCA pierde y con el tiempo hay un descubierto de deudas, corrupciones, fraudes, etc. ¿Quién acaba pagando esas deudas acumuladas y qué intereses tiene? Como suele decirse últimamente, no tengo pruebas pero tampoco dudas que lo que venden o lo que desgravan por un lado, te lo meten por otro…
Las tarjetas de crédito o débito son un caramelito sofisticado para ser victimas de la estafa más normalizada de la sociedad moderna, porque sea ha convertido en algo necesario y rápido para evolucionar en la vida moderna. Pero incluso los nombres inducen a una manipulación sutil con el juego de palabras «crédito» y «débito», lo que sería más lógico llamar a una tarjeta de crédito por tener fondos sin necesidad de deber nada cuando cobran todos los importes a final de mes o financiados a cuentagotas. En cualquier caso, ambas tarjetas cuentan con comisiones de interés a plazos o programados.
Lo mejor es ahorrar y pagar a tocateja, únicamente lo estrictamente necesario, sino puedes pagarlo te jodes y ahorras, hablando en plata, para evitar acabar más jodido a largo plazo. Un ejemplo de estafas legales son los seguros de financiación, porque te prometen el oro y te venden al moro, cubriendo una pequeña parte de lo han cobrado previamente a plazos, y si necesitas que te cubran, se cubren en burocracias para no cubrirte o alargar el trámite. La propia ley es una trepa y una reacción de trampas posteriores, por simple supervivencia.
Y el matrimonio se ha convertido en otro negocio materialista normalizado con chantaje emocional. Con la base del ritual emocional, sino te casas para proteger tus bienes te llaman egoísta pero si resulta que te casas con alguien trepa y al cabo de los años te divorcias porque te pone los cuernos o se desentiende de tu familia cuando te ha desplumado o la has palmado, legalmente es legal pero moralmente es poco ético.
El ser humano es la especie más egoísta del planeta y los contratos legales es una prueba de ello para protegerse de los trepas, que no todo el mundo es un trepa pero todo el mundo tiene intereses y se trata de tener empatía para entenderse, algo que cada vez escasea más porque el sistema manipula a la sociedad desde la educación como inversión de futuro para los trepas sigilosos.
Sin embargo, la mayor paradoja es que, el ser humano es más confiable para aceptar contratos o condiciones de privacidad sin leer para no preocuparse por las confianzas ciegas. Empezando por algo tan inocente, aparentemente, como las aplicaciones de los smartphones o APP’s. Pocas personas se leen los contratos de aplicaciones, mayoritariamente y en la mejor gravedad de los casos, de dudoso desarrollo con finalidades comerciales para «robar» datos. En el peor de los casos, para robar transferencias económicas o directamente fraudes con algún tipo de interés, mayormente económico.
Las formalidades deben ser leídas y retratadas por escrito siempre.
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