Se dice que la realidad supera la ficción cuando alcanza algún hito impensable pero, de algún modo u otro, es porque la realidad forma parte de la base ficticia. Más o menos difusa, la ficción suele ser un borrador de alguna proyección real y cuando se acaba materializando parece un prodigio de la ciencia, como otra de las películas y series ochenteras y noventeras que se anticipan al futuro; El Coche Fantástico, protagonizada por Michael Knight (David Hasselhoff) y su socio y amigo K.I.T.T. (Knight Industries Two Thousand) El Caballero 2000.
La serie del coche fantástico no solo nos ha dejado una infancia llena de aprendizajes y nostalgia cinematograficamente, sino que nos ha dejado una cultura de retos tecnologicos que se han cumplido en el futuro. Como la Inteligencia Artificial (AI o IA) que parece darle vida propia a un coche automata al servicio de Michael Knight, de la Fundación para la ley y el orden y la justicia de la sociedad. Un hito sorprendente en aquellos años, que se ha visto hecho realidad en el siglo XXI con la marca de coches Tesla y algunas funciones génericas en el resto de vehículos modernos que los hace automatas, como el control de crucero por ejemplo.

Recordemos que Michael se comunicaba con Kitt, y con el camión de la fundación, a través del intercomunicador. Un avanzado reloj digital para la época que, además de hablar a través de el, también era capaz de enviarle frecuencias a los escáneres de Kitt y al ordenador central. En la T4 E17 Colinas de Fuego, aparecía también un pequeño sistema de radiocontrol bastante primitivo, que nos recordaría a los futuros drones o cuadricopteros teledirigidos.
El coche fantástico no solo ha dejado hitos tecnológicos, sino perlitas reflexivas bastante atrevidas para la época, quedándose bastante primitivas y proféticas respecto la situación sociopolítica del siglo XXI. Sin embargo, los ‘smartwatches’ no hay duda que están creando tendencia en todo el mundo y es una forma de posicionarse de cara a las nuevas tecnologías y comunicaciones del futuro. En este caso, el intercomunicador que llevaba Michael en su muñeca, podríamos decir que fue el primer ‘smartwatch’ de la historia.
K.I.T.T. también era capaz de esquivar los obstáculos que encontraba en la calzada gracias a un sistema anticolisión: un escáner o radar detectaba lo que tenía alrededor y le permitía reaccionar. En la actualidad, cada vez es mayor el número de marcas que incorporan diferentes sistemas anticolisión en sus modelos. Un ejemplo es el bloqueo de los frenos en los vehículos modernos, si los sensores detectan algún obstáculo en la calzada o peatones. La franja horizontal de luces infrarrojas de KITT actuaba como si fueran ojos electrónicos. Con ellas, tenía posibilidad de ver con rayos X. Algo parecido vendrían a ser los sensores de aparcamientos, detección de carril y de obstáculos en la via.
Kitt también podía monitorizar las constantes vitales de su dueño, Michael Knight o de otras personas, así como sus emociones. Con el paso de los años, los coches han ‘aprendido’ a vigilar a sus dueños: dos ejemplos son los asistentes de alerta por cansancio (detectan si el conductor aparta la vista de la carretera y le avisan) o incluso los coches que monitorizan el ritmo cardiado y advierten ante el riesgo de infartos.
Hoy en día, las interferencias electrónicas, son utilizadas por algunos conductores para, por ejemplo, interferir la medición de los radares (a través de los inhibidores, un dispositivo prohibido por la ley junto a los detectores). Algunos camioneros también emplean las interferencias para anular la función del GPS y los sistemas de geoposicionamiento utilizados para controlar su labor. ‘El Coche Fantástico’ las utilizaba también para cumplir sus misiones en defensa de la ley y el orden, bloqueando sistemas de frenos o control de otros vehículos o sistemas de vigilancia, etc.
K.I.T.T. fue el primer coche respetuoso con el medio ambiente y recurría a la combustión de hidrogeno, logrando un consumo de 4,5 litros a los 100 km. Hoy, muchas marcas cuentan con algún modelo que también está propulsado por hidrógeno, especialmente los transportes públicos de las grandes y medias ciudades.