En los años 50, tras la aparición de las primeras computadoras, los juegos virtuales solo se diseñaban para mostrar las capacidades de estos nuevos elementos.
Eran una forma muy gráfica y sencilla para entender el potencial de estas nuevas y desconocidas máquinas. “Si puedo jugar una partida de tres en raya contra una máquina, es que la máquina es capaz de pensar”, algo impensable pocos años antes.
Así aparecieron juegos de computadora como Bertie the Brain o Nimrod, que representaban juegos populares para que el público pudiera entender el nuevo potencial de estos mecanismos.

Una vez finalizada la demostración, el juego se olvidaba, acababa en la basura. Nadie pensaba en lanzarlo al mercado para ganar dinero con ellos, porque nadie tenía computadoras donde usarlos (de hecho, se diseñaban computadoras específicas para cada juego, que tenían un coste altísimo).
Puesto que las primeras computadoras eran mainframes de tamaño gigante que ocupaban habitaciones enteras y tenían un coste prohibitivo, solo las universidades más importantes se podían permitir disponer de una. Nadie iba a comprar semejante despliegue informático para jugar a un juego.
Por ello, los primeros videojuegos como OXO, Mouse in the Maze o Tennis for Two solo podían existir en los laboratorios universitarios, con fines académicos o científicos, y estaban destinados a morir en ellos. Una pena.
Todo esto cambiaría radicalmente con Spacewar! Este videojuego se popularizó en el ámbito académico y varias copias se expandieron por distintas universidades… hasta que una pareja de estudiantes creó una versión, metió la computadora (para entonces ya minicomputadoras a comienzos de los años 70) en una caja de madera, utilizó una ranura para monedas para que pudiera funcionar, y demostró que se podía ganar dinero con este tipo de juegos, dando lugar a la primera máquina arcade de la historia: Galaxy Game.