Adoctrinamiento de costumbre

En los últimos tiempos se habla cada vez más del adoctrinamiento de la cultura, pero poco se habla de la educación y, aún menos, de ponerlo en práctica objetivamente. Aunque, la verdad, el tema de la objetividad es tan relativo como la diversidad dispar, pero ese es otro cantar.

La reflexión que quiero hacer en este post es sobre los distintos matices que puede tener una doctrina según el enfoque. Doctrina o adoctrinamiento, sin ningún doble sentido ni mala interpretación, es, básicamente, unas pautas concretas e inflexibles que hacen referencia a cada respectivo contexto o convivencia para los que han sido creadas. Pueden y deben existir diversas doctrinas y convivir entre sí en armonía con respeto, incluso aunque no se compartan. De hecho, el resultado de convivir diversas doctrinas entre sí, es lo que acaba dando lugar a nuevas doctrinas, costumbres o simples perspectivas que acaban siendo más o menos flexibles por sacar lo mejor o peor de cada una.

Hasta ahí bien pero, bajo mi punto de vista lo más objetivo posible, la costumbre más fea de todas no es el adoctrinamiento en sí, sino el punto de reflexión inflexible y exigente al que se llega para tener que adoptar o imponer ciertas pautas o doctrinas sin margen de rectificación, con la excusa de mejor malo conocido que bueno por conocer.

A partir de ahí, se genera cierta dinámica inflexible que acaba dando lugar a diversas rebeliones para intentar imponerse cambiándose los roles de unos a otros porque, muy a pesar de los más dominantes, nunca podrá existir un rol más dominante que otro, como mucho podrá dominar primero uno y después otro y viceversa, porque realmente todos son dominantes y pasivos a la vez, solo que a destiempo, evidentemente, y con perspectivas dispares a las cuales les falta tolerancia, resiliencia y respeto para que se dé las circunstancias idóneas para una mayor flexibilidad de saber encajar y gestionar las opiniones.

Y como ejemplo de todo y nada que se exime de caer en la mala gestión de la reputación social adoctrinada, en la actualidad las redes sociales, en determinados contextos, se han convertido en un polvorín de doctrinas. Desde el reflejo de los ‘influencers’ hasta “los rebaños” de individuos que parece que algunos les dé pereza razonar por sí mismos y repiten continuamente los mismos sin-argumentos, casi siempre presos del pasado, hasta tener la razón o exceso de tiempo mal gestionado para terminar en discusiones sin sentido, en lugar de potenciar el verdadero poder de las redes para intercambiar opiniones y conocimientos en debates más constructivos.

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