El Kamino es la meta

Cada vez más se habla sobre el sentido de ser de la vida y los valores que representan, de la mano de gurús de turno “del buen rollo”, que más que positividad lo que infligen es postureo y palabrería para sacar los cuartos con el marketing.

¿Pero cuál o qué es, el verdadero sentido de la vida? La respuesta es tan ambigua como los intereses o la preparación, de cada uno, en cada etapa de nuestra vida. Personalmente, soy de la opinión que el verdadero sentido de la vida o clave de la felicidad está en la voluntad de cada uno de nosotros. El impulso, la motivación, las ganas de emprender proyectos o acciones, depende de nuestros sueños, costumbres y/o educación.

Habitualmente se tiende al error de confundir, por codicia, éxito con felicidad mientras perduré el mayor tiempo posible pensando redundantemente a corto plazo en la meta, pero sin ejecutar realmente, o postergándolo, ningún plan trazado más allá de los pensamientos superficiales. Cuando en realidad, la verdadera esencia del éxito reside en ser felices disfrutando lo que tenemos y haciendo grandes los pequeños momentos, de esa manera vivimos el presente materializando los pensamientos superficiales y priorizando las tareas para organizarlas en medio y largo plazo durante el transcurso de la acción. El transcurso de la acción  es la metáfora del camino, mientras que el resultado final, cuando logramos nuestro beneficio, sería la meta. Y, es un error creer o conformarse que la meta sea lo importante, a pesar de que haya sido nuestro objetivo, pero el fin no siempre justifica los medios, porque todo pasa y, tras finalizar cada meta, hay que volver a iniciar un nuevo camino para lograr la siguiente meta. Por eso el camino aporta algo mucho más valioso, de lo que depende la consecución de la propia meta, sabiduría y experiencia. La meta sería el conocimiento que, es el resultado del camino/sabiduría y, depende de nuestros pasos.

También podemos aplicar la metáfora del Kamino para hablar de reputación y marca personal. Porque somos lo que pensamos, y nos ven como nos mostramos.

La finalidad del camino de la vida es la búsqueda de la paz interior y la humildad. Durante el transcurso, debemos aprender gracias a los altibajos, de los factores que la alteran para corregir o apartar si es necesario lo que no aporta.

La naturaleza es tan sabia como injusta por eso, a partir de ciertas etapas, nos va apartando tanto de los seres queridos como de los inseres que no aportan, con el fin de poner en práctica la experiencia adquirida en soledad para desarrollar nuestras habilidades y la paz interior para amar al prójimo sin esperar nada a cambio.

Por eso no hay que apenarse, si existe algún lugar más allá de lo que vemos, acabaremos reencontrándonos de nuevo, y mientras, nos cuidaran desde las estrellas mientras nos reservan nuestra plaza. Y los inseres que no aportan tampoco hay que preocuparse, pues lo que no aporta se queda apartado.

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