Es de mal nacidos el ser desagradecidos

Vivimos en una época cada vez más superficialmente materialista, donde reina el ‘postureo’ y la tendencia a seguir las modas para estar a la ultima y tener algo de que hablar. En realidad, es algo que toda la vida ha existido desde que se descubrió el fuego o se inventó la rueda, y el marketing del consumismo ha agravado la situación egocéntrica.

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Si hay alguien que se sale de la norma social, una de dos; si se trata de una persona que pasa desapercibida le acusan de rarito o de antisocial. Pero, si se trata de una celebridad, o se vuelve una celebridad, porque marca tendencia con sus costumbres “poco ortodoxas” entonces el resto de personas egocéntricas siguen su ejemplo.

La vida pasa y tiene varias fases, las mismas para cada edad de cada generación. Evolucionan las costumbres, para bien o para mal,  pero se mantienen las mismas fases en la edad correspondiente a cada generación. Incluso, a veces, se repiten las mismas modas por nostalgia denominadas como ‘vintage’.

Es curioso como a lo largo de nuestra existencia civilizada nos dejamos controlar por nuestras emociones (fingiendo que no, por supuesto) y se nos llena la boca de demostraciones y principios varios sobre “consejos doy, que para mí no sé aplicar”. También, confeccionamos toda una lista de propósitos que realizar marcados por una fecha, “cosas que hacer antes de morir”, “el lunes empiezo la dieta o a ir al gymnasio”, “tal día dejaré de fumar”, etc. Con la excusa de mentalizarnos como si de un ejercicio de auto-ayuda se tratará. Menos demagogia y más auto-crítica para reflexionar nos hace falta.

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Aunque la peor emoción de todas es mezclar la frustración de que, por mucho que aparentemos para dar que hablar, nosotros mismos somos los únicos a quienes no podemos engañar. Y, tenemos la mala costumbre de dar una opinión, no consentida, sobre las hazañas de los demás con el temor disfrazado de falsa preocupación por envidia a que cumplan las expectativas que nosotros hemos sido incapaces de cumplir. Por eso es de mal nacidos el ser desagradecido.

Hay que alegrarse siempre por los éxitos ajenos como si fueran los nuestros, independientemente de que sean conocidos o allegados, apoyando el emprendimiento y las iniciativas que podrían cambiar el/nuestro mundo. Dando las oportunidades necesarias como a cada uno le gustaría que se la dieran. De lo contrario, se estará en el mismo derecho de no hacerlo con quién no sea recíproco, así que no debemos extrañarnos si recibimos el mismo trato.

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