El Poder de la Ofensa

Como todo gran poder, la ofensa, también conlleva una gran responsabilidad, para bien o para mal, con sus matices. Antes que nada, no me considero en posición de la verdad, ya que es un tema delicado dependiendo la perspectiva de cada cual pero, como digo, tiene sus matices. Este post es una mera reflexión sobre el enfoque que está repercutiendo en los ultimos tiempos el poder de la ofensa como repercusión del marketing agresivo y los prejucios sociales, una combinación explosiva, y hay que leerlo receptivamente como tal para captar el mensaje que quiero expresar sin mal entendido alguno.

No ofende quien quiere sino quien puede.

Porque el que intenta ofender, o se siente ofendido, es porque tiene un problema grave de autoestima que no es capaz de resolver sin sentirse superior y/o acusando a los demás de ser los opresores como una manera de justificar su incapacidad de superar sus debilidades (algún tipo de carencias, envidias, frustaciones, etc).

Y para quién va dirigida la ofensa tiene dos opciones; sentirse ofendido si le importa, lo cual demuestra que las verdades ofenden, o no dejar que le afecte, lo cual si algo es mentira basta con tener seguridad en uno mismo para no dejar que le afecte. Porque la gente dice y hace cosas, pero la actitud decide como afrontarlo.

Y aquí es donde podemos tener dos matices; lo primordial es mantener la calma ante cualquier situación extrema. Nuestra actitud se vuelve vulnerable cuando esta afectada o sometida a un determinado estrés, haciendo que nos fijemos más de la cuenta en determinadas situaciones, descontextualizando la situación más de lo debido. Una vez detectado el problema, y no es fácil, sobretodo individualmente, ya que requiere un ejercicio de autocontrol y disciplina bastante elevado, ya que hasta la persona más pacífica puede terminar perdiendo los nervios si pierde el control total. Si se evidencia en que efectivamente haya un opresor que este cometiendo o atentando un delito moral o legal, en este caso, si que hay que acudir a las autoridades competentes sin más preambulos.

También, hay otro ejemplo dentro del poder de la ofensa que no hay que malinterpretarlo defensivamente, ni pecar de arrogancia, sino contundentemente con resiliencia y honestidad, respectivamente, para que no afecte nuestra actitud.

Se trata de cuando, ciertas personas o en ciertos momentos, se actúa políticamente correcto para no sentirnos culpables expresando, directa o indirectamente, una opinión delicada sobre algo o alguién. Quizá es una forma de la que podríamos extraer muchos matices descontextualizados, tanto positivos como negativos, pero la más acertada me atrevería a decir que es una forma educada de decir opiniones delicadas siempre y cuando acompañe un toque de empatía proporcionalmente a la delicadez de la opinión.

Como decía al principio del post, la ofensa es un tema delicado porque puede herir sensibilidades proporcionalmente al nivel de seguridad en uno mismo, o un determinado momento, y hay que intentar ser tan honesto para evitar estas confrontanciones como aprender a fortalecerse emocionalmente para estar preparado para afrontarlas en caso que se den por el motivo que sea.

 

 

Dícen que vivimos tiempos difíciles, pero más bien nos hacemos los tiempos dificiles.  

Vivimos una época en que si te posicionas del lado de algún movimiento, no solo politicamente, te catalogan de extremista aunque el sentimiento sea sin ánimo de posicionarse radicalmente. Y es que, vivimos en unos tiempos tan materialistas que la sociedad intenta arrastrar al prójimo a seguir sus propias pautas de convivencia con tal de sobreproteger sus vulnerabilidades, lo que solemos llamar orgullo y ego, y con la excusa democrática de la igualdad se establecen dichas pautas sociales para terminar siendo o pareciendo todos iguales. Y, en cuanto alguien se sale de la norma lo catalogan de loco hasta que sus principios triunfan.  

mark

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2 respuestas a “El Poder de la Ofensa

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