El Poder de la Mente

En los últimos años, con la facilidad de expresión que ha favorecido la tecnología y las redes sociales, se han incrementado los prejuicios hasta el punto de faltar personalmente debido al exceso de información.

Llega un momento en el que te das cuenta que el exceso de criticar compulsivamente, en lugar de buscar soluciones, hace que la gente se vuelva tóxica por falta de empatía.

He llegado a la conclusión que la toxicidad es una manera de llamar la atención, como excusa a la falta de voluntad, por ‘X’ motivos. Porque, por mucho que se intente razonar con la gente tóxica, no razonan hasta que se le da la razón como a los niños pequeños. A buen entendedor sobran las palabras, y cuando hay voluntad no hay obstáculos ni intereses que se interpongan en nuestros objetivos. Es tan sencillo como sacar la “basura” de nuestra mente y mantenernos receptivamente empáticos.

 

De esa manera, cuando se aprende a detectar y diferenciar la diversidad de opiniones, se aprende a priorizar las críticas constructivas descartando las destructivas que no llevan a ningún lugar.

También, cuando se aprende a controlar las reacciones emotivas propias, sin controlar las externas, es cuando se alcanza el nivel extremo de paz interior. Es un poder tan inmenso que es capaz de controlar las emociones internas hasta el punto de autosanarse, porque el cuerpo y la naturaleza son sabios si se captan las señales adecuadas y se aplican correctamente. Pero si no se hace adecuadamente, se corre el riesgo de entrar en un bucle mental de ansiedad que puede desarrollar trastornos mentales.

Muchas veces hemos escuchado eso de; “Somos lo que comemos”, “Nos convertimos en lo que pensamos”, y es que, siguiendo las directrices del budismo, somos el producto de nuestros pensamientos en función de la actitud que mostremos al respecto.

Está claro que el corazón es el órgano principal que hace funcionar el cuerpo, bombeando la sangre al resto de órganos, por lo que sería el motor de arranque para que, el segundo órgano más importante pueda reconducir las acciones hacia lo que está bien o mal, el cerebro es el motor de nuestros pensamientos.

Hay muchos matices de actuación, pero principalmente destacan dos; actitud positiva y negativa. Por eso la mayoría de la gente se suele estancar en el clásico debate de “blanco o negro” sin visualizar el resto de tonalidades.

El Poder Mental que fluye de nuestros pensamientos es tan poderoso como simple a la vez. Por un lado no deja de ser carne, pero su función motora para analizar la información que recibe de los cinco sentidos es tal, que nos permite escoger nuestro futuro a través de las elecciones de nuestro presente. Puede parecer algo muy simple y estúpido a la vez para una mente dormida que se deja llevar por banalidades, pero para una mente lo suficientemente despierta y observadora será capaz de entrenarse con las experiencias que vaya sintiendo hasta perfeccionar el control sobre ellas. Aún y así, nunca se puede llegar a controlarlas completamente porque cada día que pasa, hasta el día del fin de nuestra existencia, vamos experimentando nuevas sensaciones que aprender a medida que controlamos las ya conocidas. Es lo que se define como evolución.

Ese poder mental capaz de influir en nuestras elecciones influye en cada cosa que hacemos, como lo hacemos, porque lo hacemos, en nuestro estado de ánimo que autodetermina de nuevo lo que hacemos, porque, como, etc. A partir de ahí, cuando ejecutamos con éxito una acción que nos satisface, o que parece que se hayan dado las circunstancias positivas a nuestro favor, en realidad no es que se hayan dado las circunstancias a nuestro favor, es que las hemos creado nosotros mismo focalizando el objetivo, consciente o inconscientemente, en nuestra mente. Cuando las circunstancias son positivas lo solemos llamar éxito, pero cuando son negativas lo solemos llamar fracaso. Aquello que nos motiva para desembocar en éxito o en fracaso es tan relativo como los prejuicios.

Como cualquier aspecto educativo, podemos entrenar la mente para mejorar nuestras aptitudes analizando las diferentes perspectivas para escoger la mejor opción, a través de la meditación. Tan solo requiere de 5 a 15 minutos diarios, siendo conscientes de todo cuanto nos rodea, desde sentir cada músculo de nuestro cuerpo a percibir cualquier movimiento o sonido a través de nuestros sentidos. Al principio escogiendo lugares tranquilos y conforme vayamos dominando la técnica se puede realizar en menor o mayor tiempos, según nuestras necesidades y, casi sin darnos cuenta, iremos aplicandolo en situaciones reales.

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