Y entonces llegó ella…

Desde los 17 años, cometí el inmaduro error de ir buscando el amor de mi vida siguiendo las pautas sociales que inculca la sociedad materialista. Pero el paso del tiempo, y de la vida, me hizo tropezar mil veces por un largo camino porque carecía de la suficiente madurez para darme cuenta que el amor verdadero es el algo que no se puede buscar, sino, que fluye por sí solo.
Aún y así, no me arrepiento de experiencias pasadas, porque han sido las batallas que me han enseñado a estar preparado para percibir las señales del amor verdadero, casi por casualidad, para enseñarme lo que es el amor recíproco de verdad. Me siento agradecido de haberte conocido, Gemma, porque tú me has enseñado lo que es amar y compartir la vida juntos, a cuidarse mutuamente como una madre cuando proteje a su hijo. A pesar de las experiencias pasadas que nos han enseñado a estar preparados para el día en que nos conocimos y, hasta que La Perca nos visite, siempre nos unirá la leyenda del hilo rojo.
 
De todas las experiencias que creí haber sentido la llama del amor, solo una me cautivó para entregarme y, cuando creí estar en lo más alto del sentimiento, destrozaron mi corazón del que nunca más creí poder recuperarme.
Hasta que 12 años más tarde; tú llegaste como el agua, apagaste mis hogueras y me hiciste de alegría, junto a tí la vida entera #TolRato. Por eso, hoy quiero decírte (y escribirte) Gemma, que al encontrarte mis venas se llenaron de ilusiones, junto a ti, mi sangre quema.
Fuíste, eres y serás mucho más que un sentimiento en común de lo que creía, el motivo de mis palpitaciones, de mis alegrías y tristezas, para bien y para mal, convirtiéndote en parte de mi vida y de mi entorno, aceptada como tal.
En su momento, no me atrevía a decirte cuanto te quería, porque no procedía expresarte cuanto te quería porque tenía miedo al rechazo de posibles malinterpretaciones ajenos. A pesar de mis sentimientos más puros, preferí darnos un tiempo para conocernos mejor, esperando recibir las señales adecuadas por tu parte. Así fué como, en el viaje de Londres, hicimos botellón a pesar de la ley seca y ya no pude aguantar más para… vivir la vida entera como en el puente del Sena, ir juntos a ver a Estopa, donde quiera que eso sea compartiendo sentimientos fuera de sus fronteras te agarré y nunca más te soltaré.
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