Bienvenidos a Matrix.

Acabo de leer, por redes sociales, un fragmento publicado por el periódico ‘El País’ que me ha llevado a una reflexión provocada por el materialismo humano y que alude a la tecnológica como parte responsable de la evolución humana en la actualidad.

El ser humano es sociable por naturaleza, desde tiempo inmemorables ha vivido en manada para sobrevivir cazando, apareándose y celebrando. Ha pasado mucho tiempo desde que vestíamos desnudos con la mata de pelo al aire, ahora utilizamos productos de marca personales (unas más reconocidas, otras menos) nos protegernos del frío con abrigos ajenos a nuestra piel, prefabricamos la comida para alimentarnos y excluimos grupos alimenticios porque ya no pasamos necesidad, solicitamos ayuda para ayudar a ayudarnos, etc. Ya ni siquiera es imprescindible la caza o el apareamiento, pero se sigue celebrando cualquier adquisición con ánimo competitivo. Todo ello está muy bien y no tiene nada de malo, al contrario, lo realmente perjudicial es que parecemos no estar contentos con la evolución porque, conforme más tenemos, parecemos no estar satisfechos lamentándonos en lugar de estar agradecidos para seguir evolucionando. 

“El sentido de ser de la evolución,
es transmitir los conocimientos aprendidos durante la experiencia de
nacer, vivir y reproducirse, antes de finalmente morir”.

Con los años hemos ganado habilidades científicas y tecnológicas que nos han ayudado a facilitarnos la rutina diaria, pero nos han hecho mermar otras capacidades por acomodarnos y volvernos más egoístas, al ser más autosuficientes. Lo que más gracia me hace de todo, es la capacidad racional para olvidar la memoria histórica, como si pudiéramos borrar el pasado y nunca hubiera ocurrido, y la hipocresía para presumir de unos valores viviendo en el presente pero sin poder dejar de pensar en el futuro ni olvidar el pasado.

El causante de semejante recesión lo llevamos en nuestros genes, porque somos egoístas y sociables por naturaleza, provocando un deseo irrefrenable de espíritu de superación perturbado por el egoísmo que hace mirar al rival por encima del hombro, olvidando nuestros valores sociables i democráticos. Así es como nace lo que conocemos como marketing, la idea de vivir pensando en demostrar al resto de personas que somos mejores teniendo lo mejor, viviendo por encima de nuestras posibilidades (en la medida de cada uno) sin escatimar en gastos. En lugar de dar gracias y compartir nuestra riqueza (y cuando hablo de riqueza me refiero a todas las cosas tanto espirituales como materiales), o por lo menos, disfrutarla sin necesidad de sentir esa aprobación por los demás.

 “No puedes saber a dónde vas,
sin saber de dónde vienes”.

Y es que, no podemos saber a dónde vamos, sin saber de dónde venimos, para vivir en el presente aprendiendo de los errores del pasado, pero sin borrarlos, y no volverlos a cometer en un futuro.

Seguro que ganaríamos en calidad de vida, inventando cada día como si nosotros mismos lo inventáramos disfrutando nuestros beneficios compartiendo las sonrisas.

La culpa de tener la sensación de vivir en un bucle constante de marketing, lo agrava los intereses personales que dan lugar a manipulaciones mediáticas sutilmente. Y cuanto más poder reclamamos, más se agrava las circunstancias, por ejemplo; los intereses políticos. De ahí la importancia de mantener una actitud positiva, para transmitir una sonrisa al mundo, que disminuya el odio y los enfrentamiento, para transmitir más seguridad constante. Y lo más importante; nunca dejar de lado el escepticismo y la curiosidad de aprender cosas nuevas, aunque sepamos que las sabemos.

“No te acostarás, sin aprender una cosa más”.

De esa manera comprenderemos mejor el efecto manipulador del marketing y fulminaremos sus consecuencias. De lo contrario podríamos terminar, metafóricamente, como en la película Matrix; un mundo irreal dominado por los intereses de unos y la ingenuidad de otros, conectados virtualmente por una red de datos (Internet), en constante comunicación por las redes sociales, pero físicamente separados por la desconfianza que genera el odio y el egoísmo.

Y tú, que decides… ¿abrir la mente o abrir la boca?

Al final terminaremos como en Matrix, conectados en una realidad paralela y dominados por la inteligencia artificial… (Metafóricamente).

Anuncios