A veces cuando se pierde, se gana.

La semana pasada aprendí algo nuevo gracias a un curso de riesgos laborales para combatir el estrés. Y es que, al parecer, existen dos tipos de estrés;

El primer tipo de estrés fue el que más me identificó, denominado Eutrés, que es algo así como la motivación que se genera por el exceso de presión cuando nuestras habilidades cognitivas se ven desbordadas por algún tipo de acción propio o ajeno.

Este tipo de estrés se basa en que determinadas ocasiones en las que nos vemos obligados a ejercernos (o que nos ejerzan) presión al límite de nuestras capacidades cognitivas para terminar aquello que empezamos y no dejarlo a medias, obligando de esta manera a superar dichas capacidades para salir de la zona de confort y evolucionar. Lo que viene siendo supervivencia natural y es una ventaja para marcarse nuevas metas subiendo el listón en cada nuevo reto a afrontar. Muy propio de las personas asertivas, activas y con ambición positiva por superarse.

El segundo tipo de estrés, se denomina como Distrés, que viene a ser algo así cuando nuestras capacidades cognitivas no son capaces de resolver con éxito cuando se ven saturadas por ese desbordamiento de la presión a la que se ven ejercidas.

Normalmente suele ser propio de personas poco receptivas, más sensibles a la influencia ejercida por terceras personas o situaciones externas / internas diferentes en cada caso.

No obstante, todos independientemente de vernos afectados mayoritariamente por un tipo de estrés o por otro, en función de nuestra educación, creencias, actitud, estilo de vida más activa o sedentaria, según la época, las circunstancias de la vida, etc., podemos sentirnos afectados también por ese estado de ánimo consecuente por las emociones o por el cansancio que pueden desembocar en un tipo de estrés u otro.

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