Podría definir la búsqueda de la felicidad basándome en el aprendizaje en solitario para conocer nuestras propias limitaciones y aspiraciones, también en grupos reducidos donde se comparta uno o varios intereses en común de nuestros principios adquiridos, y finalmente, en general para transmitir la experiencia mutuamente al resto de grupos y poder obtener la teoría definitiva que nos conlleva a seguir evolucionando.

A pesar de nuestras diferencias culturales, evolucionadas con el paso de los años, seguimos sin ser tan diferentes. Pero en algún momento con el paso de los años, surge algún tipo de transición involuntaria en la evolución de la especie humana que, cambia la manera de focalizar la objetividad natural de las cosas a focalizarlas más subjetivamente en lo cultural.

La mayor riqueza y satisfacción, personal y profesionalmente, es una mente abierta que permita el intercambio cultural de todos los tipos de sociedad que existen en el planeta, ampliando horizontes que nos permitan salir de la zona de confort. Lo contrario a ello conlleva encerrarse en su propio mundo, creyendo que ese mundo es todo el mundo, y por lo tanto, alimenta la soberbia y el egoísmo personal o colectivo de un mismo grupo de seres que comparten las mismas ideas subjetivas.

Y tecnológicamente, las nuevas tecnologías amplían aún más el abanico de posibilidades para relacionarse con cualquier personaje de cualquier rincón del planeta, facilitando la interactuación a través de las diversas herramientas y redes sociales.

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